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EL MAESTRO HOJO

 

Hojo le preguntó un día a su Maestro Baso: ¿Qué es el Buda?

 

El espíritu cotidiano es el Buda, contestó éste.

 

Cuando oyó esta respuesta de Baso, Hojo despertó por completo, se dirigió al Monte Daibai y dejó para siempre el mundo social. Construyó una rústica cabaña cerca de un pequeño lago y se vestía con hojas de loto que crecían en él. Se alimentaba de frutos del bosque, sobre todo de piñones, que allí eran numerosos. Las ranas y los animales salvajes eran su única compañía. Practicaba zazen y no se ocupaba para nada de los asuntos mundanos. En la cabeza se colocaba un pesado sombrero de hierro para no dormirse. Así vivió y practicó durante treinta años, hasta su muerte.

 

Un día, un monje discípulo de Saian, que buscaba leña, se perdió en la montaña y llegó a la ermita de Hojo, dicen que gracias a una rana que saltando delante de él le indicó el camino. El monje se quedó muy asombrado al verlo vestido de una manera tan extravagante: un hábito hecho de hojas de loto y un pesado sombrero de hierro sobre la cabeza.

 

Le preguntó:

 

¿Cuánto tiempo hace que vive usted aquí?

 

Hojo le respondió:

 

Del tiempo que llevo aquí he perdido la cuenta. No presto atención al paso de los días ni de los meses. Pero el color de la montaña cambia del verde amarillo, del amarillo al ocre y del ocre al blanco, y el murmullo del arroyo unas veces se oye con fuerza y otras se debilita hasta hacerse inaudible.

Cuando volvió al monasterio, el monje contó lo ocurrido a Saian y éste envió un mensaje a Rojo diciéndole que dejara la montaña y fuese a su monasterio a dar un sermón, pero éste le respondió con el siguiente poema:

 

En el bosque profundo, los árboles

Envejecen intactos.

Aunque he visto muchas primaveras

Mi corazón no se ha movido.

Si el leñador ignora la madera

¿Por qué habría de quererla el carpintero?

 

Dicho esto, buscó refugio en lo más profundo de la montaña y compuso otro poema:

 

En el lago crecen innumerables lotos,

Los pinos me brindan alimento ilimitado.

El mundo ha descubierto mi refugio

Y debo instalar mi morada

En lo más recóndito de la montaña.

 

En otra ocasión, su antiguo maestro, Baso, envió a un monje para que indagara la comprensión alcanzada por Hojo. El monje le pidió a Hojo:

¿Por qué vive usted en esta montaña solitaria?

 

Hojo respondió:

 

Porque Baso me dijo una vez lo siguiente: “El espíritu cotidiano es el Buda”por eso vivo aquí.

El monje replicó:

 

iPero Baso ha cambiado de enseñanza! Ahora dice: "No hay espíritu ni Buda".

 

Hojo replicó tranquilamente:

 

Aunque ese viejo quiera confundirme y vaya diciendo ahora que no hay espíritu ni Buda, yo seguiré diciendo que el espíritu cotidiano es Buda.

 

El monje llevó esta respuesta a Baso el cual exclamó:

 

Ya maduró la ciruela! (Ciruela es el significado de Hojo).

 

Dicen que cuando Hojo murió, los animales de la montaña construyeron una stupa para guardar su cuerpo.

 

 

 

 

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