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Entrevista a Diego de la Rivera

Revista Paparazzi

 

LIFE COACH

 

Así se autodenomina Diego de la Rivera, un hombre que a los 50 años dejó la construcción civil y muchas otras cosas para dedicarse a entrenar, guiar y aconsejar vidas ajenas...Un cerebro arrendado que piensa por los demás en forma objetiva.

 

Por Daniela Vicuña, Producción Christián Bahamondes, Fotos Ulises Nilo.

 

Resumen de la Entrevista:

A simple vista nada indica que Diego de la Rivera sea un entrenador de vidas. No anda vestido con largas túnicas, no tiene colgado ningún amuleto, no invoca a los dioses en voz alta ni posee esa barba blanca y contundente, muchas veces representativa de guías y maestros. Pero basta con saludarlo, para que su abrazo acogedor y su par de cordiales y cálidas palabras dejen entrever la verdadera personalidad de este hombre.

 

Constructor Civil de profesión, casado, padre de dos hijos adolescentes, la vida de este personaje ha sufrido un sinfín de vuelcos que lo han hecho crecer, aprender y desarrollarse como persona. Diego entró a la universidad y junto con ello, a estudiar y leer el libro de filosofía que se le cruzara por delante. Sacó la carrera con honores y durante 25 años ejerció su profesión de manera independiente. Cuenta que era feliz construyendo casas y viviendo con más de las comodidades necesarias, pero luego de realizar un curso de Dale Carnegie comprendió que su verdadero talento estaba enfocado más por el lado espiritual e intelectual que por el material. “Me sentí como un pájaro con un ala desarrollada y la otra encogida. Esta última debía estimularla para poder volar perfectamente y planear con el espíritu en paz. Y llegué al resultado que en la construcción siempre había hecho todo para mí y nada para los demás”.

 

Artículo sobre Diego de la Rivera en revista PaparazziCon estos pensamientos e inquietudes dando vueltas por su cabeza, este hombre se volcó a los estudios del mundo Maya, del control mental Silva, de la filosofía Zen, de la naturaleza humana y de la sanación existencial. El conjunto de lo anterior, más varias experiencias de vida en el cuerpo, lo llevaron a la decisión que debía comenzar a ayudar a todos los que se sintieran perdidos. Partió con jóvenes que tenían dificultades para captar sus propios problemas, con drogadictos, con los que tenían crisis de conducta, en fin, hasta que se percató que varios de ellos salían adelante gracias a sus consejos y a través de una mente holística. “Un niño que está extraviado mentalmente o en sus valores, no se puede sacar del medio, sino que hay que tratar de adaptarlo, de cambiarlo y darle apoyo en base a valores y virtudes”.

 

Toda esta ayuda que Diego entregó al que quisiera superar su trancas y problemas lo llevó a abandonar su profesión. Así, se dedicó ciento por ciento a lo que el mismo denomina como su Talento, sin recibir un peso a cambio:

 

“Me escapé del mundo material, de ese mundo donde prima el valor de que el que tiene más es más, y me di cuenta de que todo lo contrario”.

 

Sin embargo, esta situación duró dos años, ya que los ahorros empezaron a escasear y había que mantener a una familia. “Comprendí que tenía una capacidad de ayudar a mucha gente, pero no podía ser un profeta que pasa el sombrero y tampoco practicar que hay que seguir la vocación sin tener para comer”. Así, comenzó a cobrarle a los integrantes de su curso y, junto con eso, lanzó su libro autobiográfico El Viaje del Escape.

 

Ya es bastante el tiempo que de la Rivera lleva haciendo clases, dando charlas y perfeccionándose, lo suficiente como para considerarse un Life Coach. “Lo que realmente me ha motivado todos estos años es que he ayudado a gente no siendo siquiatra ni psicólogo, sino que un entrenador, un guía, un consejero de vida. Hay que jugar con las cartas que a cada persona le tocaron y aprender a desarrollar la mente para ver lo que le falta. Todos pueden ser mejores y yo enseño a potenciar eso:

 

“A usar la energía, a canalizar valores y virtudes, a comprobar los éxitos y a estabilizarse emocionalmente”.