El Mercurio
Lunes
13 de junio de 2005

GUÍAS
DEPORTIVOS:
El carisma del maestro se manifiesta en el
trato y en el magnetismo que produce en el dirigido. También en la
capacidad de convencerlo de que puede alcanzar las metas por difíciles que
parezcan.
Los maestros son faros en el
camino
Dr. Mauricio Purto
En la vida de cualquier ser humano, y en especial en la de los deportistas,
es fundamental rodearse de guías positivos y persuasivos.
Uno no recuerda a los
demás por lo que dijeron o no dijeron o por lo que mostraron, sino por lo
que nos hicieron sentir. Le sugiero que recuerde aquellas personas que le
hicieron sentir capaz o que los obstáculos no eran grandes, sino
accesibles. En fin, de que era posible.
Existen seres
nutritivos y seres tóxicos. Y esto depende también de nosotros. Seres que
encajan positivamente y negativamente. Seres que sacan lo mejor de uno y
lo peor; seres que nos expanden o que nos achatan. Recuerde aquellos con
los que se siente o sintió que todo era más fácil. Aquellos que le
enseñaron sin hacerle sentirse mal ni menoscabado. Allí está o estaba la
semilla de los grandes maestros. Por eso le aconsejo que tenga los ojos
abiertos a esos encuentros que pueden marcar la diferencia, especialmente
en la vida de un deportista, y los acoja como una piedra preciosa.
Más allá de la
erudición, lo que subyace en su calidad es el factor facilitador y su
entrega. Una cadena de sí(s) (que contrasta con la cadena de no(s) de un
factor dificultoso). Y una calidez especial. Un carisma que se traduce en
el trato y en una especie de magnetismo. Y siempre una buena palabra,
sobre todo en momentos de mucha presión. "No sobreestimes los frutos de la
acción. Más bien preocúpate de la acción misma". Una frase que me cayó
como venida del cielo, en el momento preciso. Como debe ser. Cuando hay
mucho en juego.
Este consejo para
competir lo hallé luego en un libro de René Daumal, "Monte Análogo", que
resume muy bien el sentir: "Pon atención en el camino a la cumbre, pero no
olvides de mirar frente a ti; el último paso depende del primero. No
pienses que has llegado sólo porque ves la cima. Cuida tu andar, asegúrate
del próximo paso, pero no dejes que eso te distraiga de la meta más alta.
El primer paso depende del último".
Entramos en la
dimensión mística del deporte. Esa que no está escrita en textos ni en
leyes superfluas. La que sólo se transmite. Y donde los imposibles no
existen y resultan tan ilusorios como los límites. Simplemente son un
punto de referencia en la evolución del hombre, que jamás deben frenarnos.
Lo importante es quien te impregne con esa confianza y te convenza de que
llegarás a la cumbre.
La competencia nos hace
perfeccionarnos a costa de un complejo de superioridad o de inferioridad.
Pero no debemos sentirnos ganadores ni perdedores frente a los rivales.
Ellos son sólo útiles y venerables espejos, donde podemos proyectar
transitoriamente nuestra evolución. Más allá nos sumimos en las
profundidades de la existencia, contemplando desde la cumbre del triunfo o
de la derrota.
Es una terrible soledad
y un gran vacío. Una visión asaz inmovilizante, alienante. Oscura. Pero es
en la oscuridad que el hollejo del ego se desintegra y fermenta el vino
rojo que hace cantar el alma. Y la meta ya no es el récord. Quizás el
instante, ese breve destello de eternidad. Quizás entregar lo aprendido
para transmitir la experiencia, exudar la vivencia de los límites para
impregnar a los que quieren hacer el camino a la totalidad de sí mismos.
Esos son los guías, los maestros, seres que se entregaron y transmitieron.
Faros rutilantes en el camino
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