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USTED TIENE TODA LA RAZÓN

(Cuento Zen)

 

 

En un pueblo, había juicio que era interminable, el pueblo estaba dividido, no lograban ponerse de acuerdo las partes y mediar, para llegar a un buen arreglo.

 

Un terrateniente tenía un campo, que era tierra muy dura y seca, y después de muchos años de trabajo de toda la familia habían logrado tener un campo hermoso lleno de árboles frutales, donde daban trabajo a mucha gente del pueblo y permitía que varias familias vivieran de sus ganancias.

 

Todo era felicidad hasta que el vecino compró el sitio colindante, corrió el cerco diez metros, puso alambrada de púas, y dejó en su lado el curso de agua de un canal que pasaba justo por el límite. El terrateniente del campo de frutales se quedó sin agua y los árboles se empezaron a secar, y se arruinó todo el trabajo de muchos años de varias familias.

 

Lo peor es que el vecino puso guardias armados a vigilar el cerco, y varias veces hubo tiroteos entre ambas familias.

 

Legaron a juicio, y el tema estaba cada vez peor, entonces decidieron consultar a un ermitaño que vivía en las montañas, que era un Maestro Zen, para que les aconsejara.

 

Se formó una comitiva y lo fueron a visitar, y el maestro se resistió mucho, ya que sabía que la Naturaleza Humana es muy difícil y complicada.

 

Al final aceptó con una condición: “Cada parte hablará durante cinco minutos sin ser interrumpida, y acatarán lo que yo les diga”.

 

De acuerdo dijeron todos, y así llegó el día del juicio en que se llenó de gente, asistió casi todo el pueblo.

 

El primero habló:

 

Maestro, nosotros somos varias familias que llevamos muchos años trabajando este campo, hemos sudado sangre para poder hacer de él lo que es hoy, un maravilloso campo de frutales, y además somos fuente de trabajo para muchas familias del pueblo, damos buenos salarios y llevábamos todos la fiesta en paz, hasta que legó el vecino, nos quitó el agua de la mala manera, corrió la cerca y puso guardias armados para vigilar que no le sacaran agua.

 

El campo se está secando y estamos en la ruina por culpa de este ……………………….. Disculpe maestro, pero queremos justicia.

 

El maestro se paró, lo miró fijo a los ojos y le dijo “Usted tiene toda la razón”.

 

El segundo habló:

 

Maestro, con todo respeto quiero explicarle mi situación. Yo compré este predio que me costó carísimo, estoy con un crédito hipotecario a 24 años plazo, y vale diez veces lo que el sitio de mi vecino, justamente porque tiene los derechos de agua del canal, que pasa por “mi sitio”.

 

         Entonces fui a la Municipalidad y con los planos, hice un levantamiento topográfico y traje al director de obras con todas las autoridades Municipales e hicimos el trazado, me percaté que mi vecino había corrido arbitrariamente el cerco diez metros, dejando el canal en su propiedad, y usó de él en forma ilegal todos estos años.

 

Lo visité y se lo expliqué, y lo único que recibí fueron amenazas de muerte y que si tocaba el cerco, nuestra familia recibiría ataques violentos.

 

En vista y considerando la situación de enorme riesgo a que estábamos expuestos, decidimos poner guardias armados para protegernos,  además hemos recibido amenazas de muerte y lo peor de todo es que además estamos demandados y complicados en este juicio que nos ha hecho perder muchísimo tiempo y lo único que hemos ganado es el repudio y rechazo de mucha gente.

 

El maestro se paró, lo miró fijo a los ojos y le dijo “Usted tiene toda la razón”.

 

Entonces un señor del público se paró indignado y le dijo:

 

Disculpe Maestro, nosotros lo trajimos a usted para que nos solucionara el problema, y a los dos les dice que tienen toda la razón, y nosotros nos quedamos en las mismas, usted debería haber decidido quién realmente tiene la razón, usted no ha significado ningún aporte para nosotros, al contrario, nos deja más confundidos aún.

 

El maestro se paró, lo miró fijo a los ojos y le dijo “Usted tiene toda la razón”.

 

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